Los grandes maestros nos enseñaron a preguntar lo menos posible, a señalar solamente grandes temas, dejar hablar al paciente, no interrumpirlo, escucharlo libre de prejuicios y estar como al acecho para extraer de su relato espontáneo, los síntomas homeopáticos. Serán síntomas de gran valor por su pureza, por su no contaminación con preguntas que por más indirectas que sean, suscitan respuestas, porque toda pregunta incluye, formulada o no, una respuesta. Yo recuerdo muy bien que el maestro Paschero preguntaba ¿qué más? Era su pregunta favorita y no por capricho sino producto de su enorme experiencia y sabiduría.